Soy un simple filólogo apasionado de las letras, el teatro y las personas.
Al licenciarme en filología hispánica en la UAM, no dudé en especializarme en literatura (creo que una de las formas más hermosas de hacer magia); ya tenía cubierta una de mis pasiones.
Para cubrir la del teatro no dejé de subirme a todo escenario que se me pusiera por delante, como quien sube a un lugar sagrado, estudiar interpretación en la escuela municipal de Alcorcón, darle al canto con Silvia Luchetti o crear, dirigir y coordinar varios grupos de teatro (amateur en cuanto a medios, profesionales en cuanto a sueños).
Ya solo me faltaba, para comprender a las personas, y ayudarlas a alcanzar su mejor versión, estudiar un postgrado en inteligencia emocional, un máster en coaching, otro en psicología positiva y un último (por el momento) en programación neurolingüísitca y comunicación. ¡Dicho y hecho! (Aunque nunca uno se termina de hacer).
He sido (y soy): profesor de literatura, de escritura creativa, de interpretación y de dirección escénica. Jefe de departamento de lengua, literatura y teatro español. Formador en coaching, comunicación, inteligencia emocional y PNL. Director de contenidos de la publicación: “redteatral”.
Guionista y director de varios musicales (¡Salta Conmigo!, Disney Keys, Voy a pasármelo bien, 7 minutos para amarte) y de obras de teatro infantil y juvenil (Como todos los días, los niños también sueñan). He adaptado libretos de musicales clásicos (Godspell, Los miserables, Barnum), y he coordinado varios grupos de teatro (Teatrosa, Magone, Trizas). También he sido (y soy) autor de varias novelas y poemarios (Contigo, El as de corazones, Proscenio, In Memoriam, La canción del viento, El temblor, Historia de un amor de barrio).
En definitiva, tantas cosas que prefiero resumirlo todo con la primera frase que utilicé: “un simple filólogo enamorado de las letras, el teatro y las personas”, añadiéndole, para evitar ser demasiado escueto, que me encantan los perros y que soy aprendiz de mago.
Y sí, claro que me considero simple. ¡Muy simple! A fin de cuentas, como dijo Don Quijote: “yo sé quién soy”.
PD. Si queréis saber realmente de mí, preguntadle al niño que fui y que sigue conmigo… ¡Ese nada tiene de simple! ¡Ese sí que es grande!