“Que tengas un buen día”

Gloria-10516/11/15  

Querido diario,

No puedo dormir. Ha llegado el día. En 12 horas, todo habrá acabado. Estoy muerta de miedo, acojonada, sin respiración casi. Llevo varias noches sin pegar ojo, tú lo sabes. Ni "Infurelax", ni valerianas, ni botellas de vino, ni mindfulness... nada me funciona. Me he dado cuenta de que tener una poderosa imaginación es buenísimo...para lo bueno, pero también es malísimo...para lo malo; y si a eso le unes el miedo, el resultado es: todo lo imaginado acaba con un final trágico. Acuérdate de la película que me monté antes de mi primera vez con un chico a solas, y lo que pasó después...pues eso.

Llevo un año imaginando cosas terroríficas. Me siento como en una peli de Saw eterna, en bucle.

17/11/15 

Querido diario,

Estoy viva -si no, no podría escribirte, claro-. Me levanté esta mañana, me preparé, todo lo que una se puede preparar en estos casos, cogí mi maleta y la llené de ropa, por si acaso. Cambié el café por una tila y salí de casa con una lista de spotify llamada "Que tengas un buen día". Como son los de Spotify, hacen listas de todo: Música para desayunar, comer, dormir, cenar con amigos, sólo, con el repartidor del telepizza, ayunar, sollozar, llorar, llorar a lágrima viva porque te han dejado, superar la resaca, poner lavadoras el domingo, ...lo normal, vamos. Pues eso, salí de casa con "Que tengas un buen día" a toda hostia, esperando que aquello fuera la premonición de mi jornada. Me obligué a esbozar una sonrisa porque leí una vez que, cuando tienes miedo, lo mejor es obligarte a sonreír ya que, aunque no lo sientas, el hecho de hacer el gesto hace que al final acabes sintiéndote feliz. A los cinco minutos iba por la calle, con una sonrisa congelada, frenética, más tipo "joker" que otra cosa, una maleta con una rueda rota que hacía más ruido que un caza, y a paso ligero. Muy ligero. La gente se cambiaba de acera.

Al llegar me di cuenta de que nada de lo que había imaginado se parecía a la realidad.

Tragué saliva y entré.

- ¿Estás nerviosa? –dijo Fran, mientras ajustaba los últimos detalles.

- No, que va, es sólo que hace un poco de frío.-dije yo, mientras contaba internamente hasta diez y respiraba hondo intentando recordar aquellas malditas clases de meditación compradas en groupon.

Me metí en el baño, me puse unos vaqueros y una camiseta negra, y me senté frente al espejo de luces esperando a que Noemí me transformara en persona. Su desparpajo y simpatía me relajaron. De repente, me sentía bien y empecé a reír y bromear, a ser yo. Mientras, las sombras -no las de Grey- y el colorete iban tiñendo mi cara de color.

Cuando me planté frente al objetivo, ya no tenía casi miedo. Al primer disparo, me solté, con una naturalidad que hasta a mí misma me sorprendió -no en vano me había pasado todo el verano practicando selfies-.

Después, vestido granate, taconazos y Noemi rizándome el pelo. Llegó el segundo cambio. Ahí me volví loca -para bien-. Hicimos muchas más fotos de las esperadas, y me vine arriba: Posé como si no hubiera un mañana.

Noemí, la estilista y Fran, el fotógrafo son la hostia: Simpáticos, cercanos y muy profesionales.

Dos horas después, caminaba con mi maleta y mis fotos para casa, feliz por haber vencido el miedo a renovarme el fotobook sin que el resultado me indujera a una depresión profunda. Es más, me encantan las fotos.

Moraleja: No anticipar, lanzarse a la piscina y no hacer caso a las mierdas que leo sobre esbozar sonrisas por la calle.

Glory Meyers

P.D. Que tengas un buen día.

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