Entrevista a mi misma

Hoy vamos a hablar de una persona a la que conozco bastante bien: Glory Meyers.

De apariencia sueca pero acento andaluz, esta chica de 34 años -que no los aparenta ni de coña- comenzó su aventura en el mundillo de las artes escénicas el día en que la parió su madre: Fue darle la palmadita el médico y empezó a llorar de una manera tan stanislavskiana que todos se pusieron en pie y empezaron a aplaudir. Fue su primer bolo con llenazo; es lo que tienen los hospitales de la Seguridad Social.

Yo, de chiquitilla

Niña tímida, calladita, amante de la lectura, con mucha imaginación y buena estudiante, vamos la típica pringada objeto de bulling en el colegio, siempre soñó con ser artista. De hecho, únicamente vencía su timidez cuando había algún sarao artístico en el colegio.

Clases de baile, canto, teatro, piano… Entre sus primeros papeles destaca el de virgen María, durante varios años consecutivos hasta que lo dejó para no encasillarse.

Y, con los años, llegó ese momento en la vida al que llegamos todos: acabas el bachillerato -en su caso, el COU, que ya he dicho que Glory es OLD SCHOOL-, y tienes que decidir qué hacer con tu vida y, o bien no tienes ni idea o, si lo tienes claro, resulta que no es lo que tu familia espera de ti.

Una noche en la cena les comenté –ya me he cansado de hablar de mi misma en tercera persona- a mi padre, luchador nato, abogado de vocación y profesión y, a mi madre, otra luchadora y mandataria de su casa, con ese carácter único de las madres andaluzas, ambos criados en ese precioso micromundo que es Granada: “Quiero ser actriz”-añado el pequeño detalle de que, además, soy la primogénita-.

Su reacción fue la previsible: Cuchi la niña, pos no tiene pájaros en la cabeza ni ná. Anda, con las notazas que me has sacado, que vas a ser tú actriz de esas…anda, vete y recoge tu cuarto”.

"¡Mierda! Si lo llego a saber, me hago NINI como mi prima"pensé.

No pegué ojo en toda la noche dándole vueltas a mi futuro. Desde una esquina me observaba atentamente el póster de Kurt Cobain, con esa mirada perdida pero preciosa y, no sé si fue en sueños o fue mi loca imaginación, pero Kurt me dió un consejo. Así que, al día siguiente, con ojeras decididas, y bajo el efecto "Cobain" me rebelé e hice lo que todos os imagináis: Me escapé de casa, me eché un novio hippie y me fui a ver mundo: Murcia, Ciudad Real, Albacete…

¡Que no, que es broma, que ya os he dicho que era una pringada!

Me metí a estudiar Derecho, eso sí, con la idea de irme al año siguiente a Madrid a estudiar Comunicación Audiovisual –lo típico que estudian los que tenemos vocación de actores pero no tenemos los cojones de hacerlo-. Sin embargo, pasó lo que tenía que pasar: me enamoré. Es lo que le pasa a todo el mundo con “la vida universitaria granadina”, que se pilla hasta las trancas.

Yo, de más grandecilla

El primer año de carrera fue memorable: Barril[i] viene y va, fiesta, cachondeo, gente increíble de todas las carreras, macrobotellones de los de salir en las noticias, y, para colmo, las asignaturas me gustaban –ya os he dicho que soy una pringada y me gusta estudiar-, así que no sólo me “acomodé” sino que fui más allá en mi tesis sobre la vida universitaria: El cuarto año de carrera me pedí una beca Séneca[ii] a Salamanca. Año inolvidable dónde los haya… pero, por dios, ¡Que parezco una abuela contando batallitas!

El caso es que, acabé la carrera y, como decimos en Graná: “Y ahora, ¿Que pollas hago?

Empecé trabajando de pasante[iii], y ahí me di cuenta de que no me gustaba aquello de ser abogada -a buenas horas- pero que, ya que me había metido en aquel embolado, habría que darle una oportunidad, ¿No? Como cuando te casas.

Meses más tarde empecé a trabajar en el Departamento jurídico de una conocida empresa de construcción andaluza. Entré justo en 2007, en plena crisis del ladrillo –efectivamente, entre mis dones también cuento con el de la oportunidad-, y, a los dos años, tras los inevitables ERES, despidos varios y un concurso de acreedores, que ya sólo quedábamos en mi departamento mi jefe y yo, decidieron -¡Por fin!- prescindir de mí. Y, ¿Qué hice con el finiquito? Pues lo que todos os imagináis: Me metí en una hipoteca, me eché novio y formé una familia...

¡Que no, que es broma, que no soy tan pringada!

Me saqué el título de monitora de Spinning -una de mis grandes aficiones por aquel entonces-, trabajé el último mes del año en un gimnasio y con el comienzo de 2010, hice la maleta y me fui a Londres –muy original, lo sé- en plan “Si encuentro curro me quedo, y si no, cuando se me acabe la pasta, me vuelvo”. Me quedé dos años, trabajando en All Saints, una marca británica super hiper mega fashion y super hiper mega cara. En mi tienda, la más grande de la firma, situada en pleno corazón de Notting Hill éramos unas 15 personas en el equipo, y yo, orgullosísima de ser la única española, entre suecos, australianos y británicos.

Parte de mi equipo en ALL SAINTS

Momentazo el día que tuve que atender a Madonna, a Robbie Williams, a Damon Albarn o a Ana Belén, que solo la conocía yo, claro… y, no sigo contándoos más de Londres porque no acabaríamos nunca -y porque pienso sacar un libro que te comprarás, y lo sabes-. El caso es que allí volví a tomar algo de contacto con el mundo artístico, pero fue breve.

 

Tras esos dos años, el estrés, el tiempo de mierda y las ocho mudanzas que me hice fueron mermando mi carácter y acentuando la malafollá que tengo de nacimiento como buena granaína que soy, así que me volví a preguntar: “vale, guay la experiencia, pero y…¿Ahora qué pollas hago?”. No me extenderé mucho. Volví a España y, por cosas de la vida –de la mía, que, como veis es bastante peculiar, cosa que me encanta- acabé asentándome en Barcelona, dónde he estado 3 años. Allí volví al Derecho, en forma de abogada dedicada a temas de familia (separaciones, divorcios, etc) y lo que se surgiera de civil y mercantil, vamos una vida muy apasionante, sobre todo cuando ves la parte más ruin del ser humano y, por mucho que creas que es injusto, tienes que ceñirte a la ley, porque es lo que hay y punto. Pero eso es otro tema.

Uno de mis primeros cortometrajes en Barcelona

Al poco tiempo se cruzó el cine, y más tarde el teatro en mi camino, y, me salvaron la vida, pero de verdad. Llamadme romántica o ilusa o incluso, loca -si no lo habéis pensado ya-, pero yo creo que en esta vida las cosas pasan por un motivo, y, en mi caso el teatro se me abalanzó encima para decirme -con acento granaíno- “lavín compaeh con la niña, ya va siendo hora de que me hagas una mijilla de caso, aeh?”.

Al principio compaginaba las clases de teatro con mi trabajo de abogada, pero, posteriormente, cuando por fin decidí abandonar la profesión, con mi trabajo en tiendas de ropa.

De mis primeras actuaciones en Barcelona. Yo, de "Roxy" en Chicago

En la escuela de teatro en la que estudiaba conocí a Marián Huélamo, por teléfono. Efectivamente, ella llevaba el tema comercial de la academia y, desde el primer momento conectamos, y nos hicimos amigas.

Meses más tarde, ella montó su propia escuela: EXPRESANDO y, después de que pasaran muchas cosas que me voy a ahorrar para no hacer este texto eterno -y para poder contarlo en mi libro-, a sabiendas de mi objetivo, me ofreció formarme en su escuela, es decir, dejarme de medias tintas y apostar al 100% por las artes escénicas.

Aquello suponía dejar toda la vida que ya me había montado en Barcelona (3 años es tiempo, y ya hablaba hasta catalán) y venir a Madrid prácticamente de cero. Pero, si algo he aprendido de mis experiencias es que hay veces que el tren pasa y si no te subes, te quedas en tierra para siempre. Y que, si hay algo te da “miedo”, hay que ir a ese algo de cabeza.

Así que hace 2 años y medio me vine a Madrid a cursar los dos años de Plan Integral de Formación  Actoral con compañeros de los que ya he hablado en este blog – Manu Tejera, Clara Morati, Eve Flores, Jesús Sanz o Bego Esza- y, me apunté también a clases de Stand Up.

Por aquella época, compaginaba mis estudios con mi divertido trabajo de dependienta en una tienda pija del barrio de Salamanca. Esto no es que aporte mucho a la historia, pero es para que veáis que mi primer año fue durillo: ciudad nueva, clases de lunes a viernes todas las mañanas y tienda de lunes a sábado por la tarde (y, algunos domingos y festivos). Fue un año de poca tirando a ninguna vida social; por eso, aunque lleve el tiempo que llevo en Madrid, hay muchísimas cosas que no conozco aún -¡Sacadme por ahí, por dios!-.

Pero, volvamos a las clases de Stand Up, dónde descubrí mi vena más cómica y cínica.

Me empezó a gustar mucho, muchísimo. Y, escribí mucho, muchísimo. Evidentemente, nadie nace sabiendo, así que escribí muchas mierdas, pero entre ellas, también había alguna cosa decente... Y llegó mi primer monólogo, basado en mis experiencias con el Derecho y Londres.

Sinceramente, por aquel entonces ni se me pasó por la cabeza dedicarme a ser cómica profesional, era más bien un apasionante y terapéutico hobbie. Sin embargo, el día que hicimos la muestra final de curso en un bar y me subí al escenario- recuerdo que me temblaban hasta las pestañas-[iv] Tomé aire y me dije: “Os vais a descojonar, hijos de puta, y, efectivamente, fue de puta madre y mi sensación indescriptible, acojonante…estuve no sé cuantos días en una nube.

Después me seleccionaron para actuar en el Festival “Actúa Madrid” de la Cadena Ser. La segunda vez que hacía mi monólogo y era al aire libre en un escenario en frente del Palacio Real. Con dos cojones. Ahí fue dónde me planteé empezar a investigar más en el mundillo de la comedia y a moverme por open mics y concursos para principiantes como yo. Tuve triunfos, pero también me pegué muchas hostias -y las que me quedan-.

Al principio, lo vivía como un dramón, pero el escenario es el mejor maestro. Pero, oye, no todo han sido pinchazos, que también gané un concurso.

Paralelamente, seguía estudiando el Plan Integral por las mañanas, trabajando en Expresando por las tardes como Ayudante de Dirección (si, por fin pude dejar la tienda pija del barrio de Salamanca y Marián me contrató en Expresando, hace ya año y medio), formaba parte del elenco de “Calígula”, de “La Oscura Raíz del Grito”, de algún Microteatro que otro, y básicamente no tenía vida. Y, lo más importante, seguí escribiendo con algunos de los compañeros que conocí en el curso de Stand Up. Bueno, escribiendo y actuando por ahí.

Poco a poco, empezamos a subirnos a los escenarios juntos bajo el nombre de Excus Up, que surgió en clase, ya que éramos el grupo que siempre tenía mil excusas para no hacer los deberes. Al principio éramos más componentes, pero se fue cayendo gente por el camino y nos quedamos los que actualmente somos: Jorge Loza, Virginia Úbeda, Victoria Santos y yo.

Llevo poquito en esto y, con muchas idas y venidas, pero ya he tenido muchos momentos de querer dejarlo, puesto que, al igual que hay satisfacciones, también hay muchos sinsabores. Pero, ¿Sabéis que? El escenario engancha y, cuando consigues transmitir, hacer reír con algo tan tuyo, eso es…es la puta hostia.

Y, como ya dije, hay veces que la  vida te ofrece oportunidades y, parece ser que está generosa conmigo.

Enrique San Francisco, Miki Dkai y yo

Justo al volver de Navidades empecé a ser telonera de cómicos de larga trayectoria y, hace dos semanas tuve la oportunidad de ir de telonera del gran Enrique San Francisco -muy admirado por mi -, en su show “De cañas con Enrique San Francisco”, y con otro grande de la comedia: Miki DKai, nada más y nada menos que en el Palacio de Congresos de mi tierra: Granada.

Os podéis imaginar todo lo que TODO supuso para mí. Sólo diré que, a día de hoy tengo muy claro que quiero luchar por esto, y dejarme la piel y seguir subiéndome a escenarios, y seguir aprendiendo, porque esto no ha hecho más que empezar y me queda mucho, lo sé, pero aquí estoy, preparada para lo que venga, porque ¿Sabéis qué? Después de muchas vueltas, he dado con lo que quiero en la vida, y eso es lo más importante. Con lo de "lo que quiero en la vida", también me refiero a mi carrera como actriz, de la que no os he hablado mucho pero, con la que también estoy a tope.

Sólo os diré algo -como si hasta ahora no hubiera contado nada-: Haced lo que realmente os llene, dejaros la piel en ello, porque no hay nada peor en la vida que dedicarte a algo que no te gusta, estar con alguien a quien no quieres u odiar tu vida -y sé de lo que hablo-.

Siempre adelante.

Glory Meyers

[i]Barril: Dícese de la fiesta universitaria en la que se “pincha un barril” de cerveza y otro de tinto de verano, cada día en un bar/pub diferente+ tapas+ concursos principalmente destinados a ligar y a tajarse.

[ii] como la Erasmus, pero te dan más pasta y es por España

[iii] Aprendiz de abogado

[iv] No tiene nada que ver el teatro con el Stand up: Aquí no existe cuarta pared, aquí eres tú, tu texto y el público, así resumidamente.

Los comentarios están cerrados.